martes, 28 de julio de 2009

El Procampo y los periodistas

Que los apoyos de Procampo iban a parar a manos de agricultores pudientes, que los políticos favorecían a sus compadres, que era injusta la asignación de los recursos al campo. Todo ésto ya lo había dicho el quejoso campesinado, pero sus denuncias parecían irse al espacio y perderse en insondables hoyos negros.
No había manera de sacar esta verdad a flote. La clase política se cutodiaba a sí sola: el compradito en apoyo al compadrito y los medios de comunicación -que bien sabían de esta demanda- seguían en sus coqueteos con los funcionarios a fin de conservar sus ingresos por concepto de publicidad oficial.
Es de inocentes el creer que después de 15 años ningún reportero de ningún medio local haya escuchado lo que enardecidamente los campesinos han gritado, una y otra vez, con la tremenda franqueza que caracteriza a la raza norteña: "los apoyos sólo llegan a los ricos".
Confieso que formo parte del gremio de periodistas ineptos, pues yo misma -lo digo contrita- escuché esta acusación en un desayuno del campesinado priísta de El Carrizo en apoyo a Rolando Zubía en pasado 30 de junio.
El desvío de estos fondos tuvo que ser denunciado en plena tribuna por una diputada de la izquierda y de allí, la mecha tendida y bañada en petróleo llevó el fuego a la pólvora.
Una vez más -véase Fobaproa- los ciudadanos descubren que han sido traicionados, que los funcionarios en quienes depositaron su confianza han resultado ser unos bandidos sin escrúpulos, capaces de saludar con la más sincera de las sonrisas minutos después de haber asestado -en un acto de delirante locura- golpes a diestra y siniestra y encedido un cerro de hierba seca provocando la mayor de las quemazones.
Con este nuevo descubrimiento no solamente quedan destapados los personajes públicos en cuestión; también resultan involucrados los medios de comunicación que, en largos 15 años se quedaron callados. Nadie dijo nada. Las voces que salían del campesinado se perdían en los aires de las montañas y nadie las escuchaba porque los reporteros hambrientos por la nota del día y las declaraciones de los funcionarios omitieron una y otra vez uno de los preceptos del periodismo conciente: el de dar voz al que no la tiene.
Una vez más se devela que en la pirámide del poder los periodistas y los medios de comunicación tienen algo que ver.

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